10 de junio de 2016

Luz celeste en tus venidas...

A Graciela
¡Ay! Tus ojitos con sueño…
¡puñalitos de brillo que se me clavan!.
¡Ay!, tus ojitos con bruma de siesta,
¡ay!, tus ojitos de clara obsidiana.

La ternura de tu inocencia
hoy viene de sueño ocupada.
El ansia de verte que horada mi costado,
y allá al fondo, al fondo se ensancha,
tendrá que aplacarse, mi niña,
pues el cansancio cuna demanda.
En tus párpados se mece, se mece,
el demorado sueño de la jornada.

La media súplica de tus ojitos,
la sonrisa a medias que tus labios pintaban,
tu callado: quiero y no puedo, abuela,
que el sueño, abuela, me gana…

Y te dejé dormir, niña.
Mis ansias de ti, niña, veladas.
Y te dejé dormir;
tan escasas junto a mi tus estancias…
Y te dejé reposar de tus juegos,
de tus –posibles- insomnios de madrugada,
del -acaso- no conseguir tus caprichos,
y del infame peso de las lágrimas.

A ti,
luz celeste en tus venidas,
añil incertidumbre en tus marchas,
A ti, te dejé dormir, mi niña,
duerme mi niña, ea, duerme.
En silencio, en silencio la nana. 

©Trini Reina
Junio de 2016

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