20 de junio de 2018

Verdinegros


 De sobrio encaje sus ramas.
Verdinegros.
Veteranos espectadores
de incontables duelos.
Observan, estáticos y esbeltos,
lo que otrora fue camposanto,
y ha transmutado en jardín
de infantes juegos.
Hoy la risa de los niños los empapa
como antaño, el llanto por los muertos;
testigos fueron y son
del brusco vaivén de los tiempos.
Mas ahí continúan,
inquebrantables, eternos.

Los cipreses:
dignos escoltas del viento.
©Trini Reina/8 de octubre de 2008

17 de junio de 2018

Pequeñez 77


Siempre persiste
un fondo de confianza
en quién, a la Vida,
en azul percibe.
©Trini Reina/junio 2018

16 de junio de 2018

Viernes y junio (De lo cotidiano)

Por sobre el ruido punzante, antipático y humano
que, al alba quiebra la tranquilidad en la calle;
la fiesta vital y perfecta de los pájaros del patio
en esta mañana de viernes y junio.
 ©Trini Reina/2014

10 de junio de 2018

Pensando...


Los pensamientos vagan, excitando la añoranza por los gastados años o ensanchando aún más la gratitud por lo vivido. Silentes, golpean las sienes, desbordados. Enmarañados unos con otros nos llevan al pasado o atraen al presente y, a menudo, se interrogan, machaconamente, sobre el devenir.

Alguien requiere nuestra atención y nos sentimos liberados del caos de la mente. Entonces los pensamientos se retraen y, como fieras heridas, buscan su cubil, no sin antes, haciéndonos un guiño con ironía, certificarnos su retorno.
©Trini Reina/24/08/2008
Obra de Auguste Rodin

5 de junio de 2018

Hay...


Hay un muro sobre los hombros
y en la garganta siete espigas,
hay un temor entre los ojos,
brincando de esquina en esquina.

Hay un millar de sueños romos
y algún silencio que se inclina
a babor de doce presagios
y seis promesas incumplidas.

Hay diez sábados generosos
y cien horas intempestivas,
un kilómetro de hado amargo
y muchas cruzadas fallidas.

Hay un suspiro rumoroso
dentro de un torrente de espinas,

y, aún así,

queda en el corazón un gozo
de nueve lunas consentidas. 
©Trini Reina/Febrero 2011

3 de junio de 2018

Uno nunca sabe...

Uno nunca sabe
a qué latitud descenderá su agonía.
Ni qué aires exhalarán bajo sus grietas.

Uno nunca sabe
qué prisa se darán los alfileres
en sajar arterias,
ni cuántos cofres de sangre extraerán los malvados.

Uno nunca sabe
si la razón será honesta hasta el último segundo
o el delirio cavará la cuna entre las sienes para mecerse.

Uno nunca sabe
si el destino tendrá ganas de jugar a lo macabro ese día
o si habrá coqueteado con Miss ginebra,
y errará al clavarnos su estilete.

Uno nunca sabe
cuántas butacas ocuparán sus años,
cuál será el tanteador en el luminoso de su vida,
o si dominó todo el partido o sólo un cuarto.

Uno nunca sabe...
Así somos de afortunados.
©Trini Reina
Febrero 2010

1 de junio de 2018

Allí...


Allí.
Lejos de las sombras,
de los tratados,
de las caretas;
lejos de los reptiles
de la codicia,
de las fronteras.

Allí
arriba de los sueños,
rayando las estrellas,
con el alma en las colinas
de las atalayas de la tierra.

Pleno,
cálido,
de espuma,
jamás de piedra;
rodeado de auroras,
de mayos,
de verbenas…

Dicen que soñaba…
Y él responde:
¡que siempre sea!
©Trini Reina/octubre de 2011
Ilustración de Edmund Dulac 

29 de mayo de 2018

Tibiezas

Un extraño silencio
-como de arte-
penetra y  se nombra parte
de las alas de este sábado
tan de agua.

Apenas la lluvia,
con suceder afiebrado,
otorga variantes a la callada acuarela.

Pasan las horas
sin alterar el celaje
sin que tiempo o voluntad,
inquieten el  equilibrio de las afueras;
ni la médula de este refugio,
tan tibio y pleno y mío.
©Trini Reina/ Mayo de 2011
Obra de Mark Keller

27 de mayo de 2018

Pequeñez 76


Y tú,
indiferente al temblor pausado
 de su cuerpo,
persistes en el camino equivocado.
Mientras ella,
 fuego turgente;
 emana…
 Y al instante revierte
en ceniza ignorada.
 ©Trini Reina/mayo 2018
Obra de Mark Keller

24 de mayo de 2018

Cerró la mujer los ojos…

Cerró la mujer los ojos…

Aquello sí era una fiesta.
Una fiesta inimitable
donde su vestido girando se enredaba
en las rosas que afinan las esquinas.
Una fiesta donde la noche
sembraba cascabeles
que bajo sus sandalias amanecían.
La música era una sucesión
de allegros y arpegios prodigiosos.
El silencio allí era lo absurdo,
y ni la más ínfima sombra
osaría convidarse.
En ese escenario azul
danzaban desinhibidas,
translúcidas, desnudas,
ella y la alegría.

Cerraba la mujer los ojos
y, al abrirlos, seguía rodeada
por los cacharros de la cocina,
el hollín(que mantenía orbitando su planeta)
la severidad de sus murallas decadentes…

En la alacena la rutina se relamía,
libando los últimos restos
de una fiesta sin memoria.
©Trini Reina/Febrero 2012
Obra de Alexey Slusar

21 de mayo de 2018

Ni mayos ni albas


Es muy tarde,
casi se fueron las estrellas
y la noche tiene color de agua.
Caminamos  sin saber
donde nos allegará
este divagar sin causa.
Retiemblan los relojes en las torres
-¡qué altas!-.
A lo lejos,
en el umbral de la calle larga,
están regando el asfalto
dos siluetas cansadas.
Sobre nosotros desciende
una red de hilos malvas.
No quieren paz nuestros pasos
ni requieren llegada,
ni mayos,
ni albas.
Sólo dilatar el minuto
de esta ventura inesperada.
©Trini Reina/Mayo 2011
Obra deMark Keller

20 de mayo de 2018

Momento II (De lo Cotidiano)


Pasa la tarde arrastrando sus sandalias grises. Llueve, y eso no nos extraña ya en esta tierra, de donde se ha exiliado la sequía. Dicen que alguna vez nos hostigaban los anticiclones, pero la memoria es delgada en ocasiones y parece que nos nacimos en la tormenta.
Crepita el silencio, si exceptuamos el rachear de las ruedas de los coches sobre el asfalto desbordado, y ese sonido me sirve de acompañamiento, mientras leo, voz a media altura, poemas de Ángel González.

Allá, traspasada mi ventana, los pajarillos, acaso gorriones, reservan sus alas empapadas de la intemperie (aunque difícilmente lo consigan), y cruzan el cielo otras aves más audaces, en pos de las marismas.

Alguien sale desde su casa a la escalera, dando un portazo, y baja a saltos, de dos en dos, los escalones, rasgando así la momentánea serenidad que me mecía.
 ©Trini Reina/Marzo 2010

17 de mayo de 2018

Hoy...


Hoy quise dedicarte un último poema, y mis dedos, inermes, no atinan a esgrimir la pluma; mientras el alma naufraga en el tintero.

Hoy quise escribirte un último soneto. Poner  colofón a esta historia  infructuosa con unos versos supremos; mas el silencio en la garganta se ha instaurado, y la voz se quiebra antes de emanar.

Hoy quise liberarme de ti con un poema. Una postrera estrofa, la rima final, la despedida… Mas las rebeldes letras, como adolescentes enamoradas, se niegan  a fluir.

Hoy pretendí dedicarte un adiós hecho poesía, y lo único que brota de mi mente son palabras de amor. Bienvenidas envueltas en versos.  Parabienes con rimas azucarados.
Hoy quería irme de ti... y como siempre me he quedado…

©Trini Reina/ 26 de abril de 2005
Obra de Pierre Bonnard 

13 de mayo de 2018

Cumbre y tránsito


Desde la crudeza
del nacer
al cansancio de los años.

Desde la luz
del valor
al polvo del fracaso.

Desde lo etéreo
de la alegría
al dolor inveterado

Desde el vaivén
de la fortuna
al viento palmario.

Así es la vida…
desde la cumbre al tránsito.
©Trini Reina/25 de enero 2012

7 de mayo de 2018

La noche...


 La noche se desata
con bruno esplendor…

Mi alma no frecuenta sus estrellas,
ni el corazón palpita
ante el amarillo influjo de la luna,
aunque, en ocasiones,
le tiente perseverante su hermosura.

La noche se desata
con bruno esplendor…

Mis pasos se demoran
en las calles noctámbulas.
Y el espíritu, afligido,
galantea con la negrura
en un diálogo silencioso.

Hoy, disidente, te beso,
Te beso a pesar del celaje que me ciñe.
Mi ser empatiza con el tuyo
y sigo el gélido marchar de tus horas.
La brisa sonámbula te recorre
y al unísono la respiramos.

Porque hoy tú, noche,
has conseguido…
penetrarme hasta los huesos.

 ©Trini Reina/2008

4 de mayo de 2018

La vida a plazos...

Que sí, que puede que el ascensor se desplome y quede tu cuerpo como el país de un abanico. Que nunca se está a salvo de que algún desdichado, fardando de lata, pise de improviso el acelerador, o que una esquina antes haya burlado un control  de alcoholemia de improbable superación; o que una ventisca espontánea derribe un tiesto siete plantas más arriba y te corone de flores la testa y el sepelio.
Que sí, que no se está libre de que te desvalijen la cartera y la vida, ni de que un infarto decida, después de tanta batalla, de golpe fulminarte.
Pero hoy es imposible controlar esa pelea de gallos en la barriga,
ni borrar con maquillaje el amarillo sin sol del semblante, ni obviar el miedo, que se arrellana a sus anchas en el palco de las pupilas.

Y de golpe, el silencio, la quietud reconquistando los órganos, el inexplicable júbilo de los enfermos cuando le prolongan los plazos.

...Y sales por aquella puerta,
y la entornas,
y dejas atrás camillas,
batas inmaculadas,
murmullos,
el pánico maniatado de los que esperan,
la voluntaria que ofrece café o caramelos
para endulzar la incertidumbre
y entonar la confianza.

Y subes
-rediviva-,
las escaleras,
como si de espuma se tratara.
Y sales a la calle.
Sales a la calle
 y recuerdas respirar…

©Trini Reina/diciembre 2011

3 de mayo de 2018

Al abrigo de tus brazos


Cuando la noche fundó nido en mi pecho y en las afueras acampó la madrugada, rayitos de luna fueron tus palabras. Rayitos de luna que, de brillos, incendiaron mi mirada.
Y aunque largo fue el naufragio y negras las olas que me surcaban, te convertiste en el auxilio que impidió que me sofocase en ese mar de sombras que aún hoy me reclama.
Y entre tus brazos descubrí el extranjero país de la pasión. Y fueron tus besos los que reinventaron en mi alma la ternura. Y fue tu cuerpo magnánimo abrigo, porque en ti siempre hallo hospedaje cuando el dolor alcanzarme quiere. Pues, quieras o no,  poder tienes para con una lisonja, un signo, una sonrisa… desclavarme del vasto crucero de la amargura.
®Trini Reina/ 25 de febrero de 2007
Obra de Shaun Ferguson 

29 de abril de 2018

Te veré mañana...

Te veré mañana...

Aguárdame en la hora más tenebrosa de la soledad esclarecida.
Presiénteme constante a tu costado, allá en las aristas del crepúsculo,
o en la incomparable cerrazón de la madrugada.
Espérame en la última frontera de esa pasión que nos puebla.

Te veré mañana...

Aunque se desvanezcan bajo mis huellas los caminos
y sólo al espíritu quede fortaleza para a ti allegarme.
No podrán detenerme tempestades ni mareas;
ni siquiera las multitudes en los andenes.

Espérame a la diestra de vergeles decadentes
o en las exuberantes ramas de la aurora.
Mi fervor conquistará rompientes
como fragata en pos de una isla en la esperanza.

Te veré mañana...
Aunque haya de arrancar, una a una, las espinas al exilio.
Espérame que iré, aunque la nieve de tu olvido escinda mis alas.
®Trini Reina
14 de enero 2009
Del Poemario "Azules atardeceres de la memoria"

22 de abril de 2018

El vigía


El  vigía reposaba en su poltrona. Sus deformes pies apoyados en el panel de mandos. La triangular cabeza el en respaldo. Semicerrados los oblicuos ojos. En éstas, un sonido atronador se oyó rompiendo el hondo silencio y una riada de luz acabó de despabilar al extraño centinela.
- Ya están otra vez estos terrícolas fastidiando el universo con fuegos de artificio - se dijo.Y poniendo en marcha su nave abandonó por esa noche su zona de vigilancia…
©Trini Reina/octubre 2005

19 de abril de 2018

El sol tras los visillos


El sol traspasa los visillos,
encandilándolos,
y un rayo se asienta (isla de oro)
sobre las baldosas.
Aires de mayo
amenazan las persianas,
que repican en sus rieles
como un  tren paralelo.

Un silencio a dúo
se rompe en amor y gemidos.
Almas que reviven en el desafío,
cuerpos que luchan hasta apagar
la violeta pasión de sus cenizas.
Dos corazones en la línea de un latido.

El aire se vuelve huracán en los relojes,
y la luna, adelantada, aquieta los visillos.
La isla sobre las baldosas se viste de plata.
Y sabe el adiós a grito.
©Trini Reina/marzo 2010
Obra de Karen Aghamyan