21 de noviembre de 2017

Umbrías

El sol desciende las escaleras de la tarde
y va desabrochando sombras.
En el jardín suspendido
 me sobrecoge la distancia.

Contra los sentidos se confabula el paisaje
y la soledad se asienta a la diestra del alma
(fecundada por la umbría).

Penetran dos centímetros
los alfileres de la nostalgia.
©Trini Reina/2009
Obra de Santiago Rusiñol

20 de noviembre de 2017

En soledad...

Esa soledad
que se desborda
de la alberca del ama,
y venas arriba hostiga,
sin parámetros,
fragorosa,
los aceros del carácter.
Valladar de cúspides,
mortaja de la alegría...

Esa soledad
con turbante silencioso,
y pezuñas de organdí
que anárquica se infla
y devora del espíritu
el suspiro.

Sí, esa soledad,
hermanada a vendavales,
es la emperatriz sanguinaria
ante la que el hombre
-girándula anochecida-
se afilia a ensombrecer.
©Trini Reina/2009
Obra de Carl Vilhelm Holsoe

18 de noviembre de 2017

Lejana...

Lejana,
sin nadie inclinado
al porqué de sus pasos,
hacia donde su hégira,
o qué instinto la fustiga.

Lejana,
tentada de hielo,
despoblada de alma.
Sombra apátrida,
heridas las huellas
y las sienes.

Frente a ella
alguien ondea
la palabra amor.
Pero hace siglos
la nevada confundió sus ojos.
©Trini Reina
Septiembre 2011
Obra de Leonid Afrémov

13 de noviembre de 2017

Una hoja, un instante

Compartimos silencio y camino.

Sobre el auto nos llueven hojas derrotadas.
El levante es tijeras desnudando ramas.
Por un instante
verdipardos pájaros alocados
me parecen
 las hojas en su descenso.

Una de ellas
 queda atrapada en el parabrisas.
La miro. La miro…

El fin de la hoja.
El adiós de mis ojos.
©Trini Reina/noviembre 2017

11 de noviembre de 2017

Parvedad 59

En el río coral
de las arterias,
súbita es la caricia
que inaugura
la fiesta del deseo.
©Trini Reina
Noviembre 2013
Obra de Rob Hefferan

9 de noviembre de 2017

De lo Cotidiano/Patio Interior

Insiste la flauta. Mejor diríamos, re-insiste el niño. Sopla  con tan poco arte que el instrumento sólo emite notas en desequilibrio.
Patio interior.
Se arrastran muebles, se martillea, se porfía, se ríe, aumenta o disminuyen las voces. Se bajan y suben las escaleras; a veces con civismo y otras a la carrera. Suena un teléfono, las persianas se bajan sin sutileza. La vecindad bulle, aún en la sobremesa. Repican los timbres, vajillas y cubiertos van de la mesa a la cocina, a veces alguno cae y estrepita. Una lavadora centrifuga mientras un microondas tintinea.
Pasan las cuatro de la tarde. Tarde de otoño y cotidiana; despejada de cielo y seca.  
El cuerpo me pide descanso y la mala noche demanda siesta. Pero los sentidos no reposan y los pensamientos se atraviesan. En el patio interior se consagran los ruidos y los aromas se mezclan.
Las cuatro y media y huele a café, incienso y faena.
Yo leo sin mucho empeño, y la flauta suena y suena…
©Trini Reina/Noviembre 2017
Imagen de la Red

7 de noviembre de 2017

Como a ellos...

Hay poemas que hablan de mí.

Allá
por el alba de los años
vivieron sus autores;
pero legaron sus versos
para hoy traspasarme.

Me persiguen a silencios
y a contratiempos.
Me cuentan con dolor,
el dolor que abrigo.
Me desnudan o conmueven
como a ellos, al crearlos.

Hay poemas que hablan de mí.

De la herida que en mi alma
imprimió la ausencia,
de presencias que me arden,
de olvidos que me mueren,
de furias que me escalan,
de carencias que me agonizan.

Hablan de mí.
De mí,
que transito este otoño,
a ellos tan ajeno;
y también del yo,
que, como a ellos,
anulará mis cenizas.
©Trini Reina/Dicciembre 2012
Obra de Peter Ilsted

5 de noviembre de 2017

Nubes de piedra

Ahora frecuento noches espigadas,
que se dilatan lloviendo tinta,
y letras, que entre renglones lloran versos,
alumbrados en planetas prohibidos.

Ahora transito crepúsculos cautivos,
como musgo bajo el beso del agua.
Días triangulares e irreverentes
que reniegan de la luna prometida.
Desmayadas auroras…

Ahora asomo a mi cuerpo,
que yace en el vórtice del limbo;
y diviso al alma, enmarañada
por medusas e indiferencia.
Y atempero mi pasión,
que oscila entre celliscas
y lumbres ignoradas.

Ahora me abaten nubes de piedra
y crestas ominosas, y años...
Años desangrados que vuelan
tras golondrinas encandiladas,
hacia el subterráneo de lo perdido.
©Trini Reina/2009
Pintura de Pier Toffoletti

2 de noviembre de 2017

Anclados al olvido...

Murieron tantos poetas desde entonces…
Tantos que, de tan poblado,
estalló el olvido.

Y allí yerran.
Yerran por las veredas
de la desmemoria.

Figuras evanescentes
esperando la inmolación
que dé luz y voz a sus versos.
Sus versos,
íntegros y sometidos
a la interesada lengua
cruel de la historia.
©Trini Reina/Noviembre 2017
Imagen de la red

31 de octubre de 2017

En el altar de las sombras...

En el altar de las sombras,
tus últimas hebras
sin púrpuras se desangran.

Desde aquél útero primario
te sucedes
-largo o corto el trayecto-
hasta llegar a ese hueco voraz
que inmola tu esqueleto
y te convierte,
en  huésped de la ceniza,
cobrándose el tributo
que la vida exige
a los que llevaron la cruz
de sus hados
o bebieron del gozo
que les diera.

En el altar de las sombras,
tus últimas hebras
sin púrpuras se…

A dolor desnudo entregas el aliento
y cesa la canción de tus arterias.
©Trini Reina/14 de Junio 2012
Obra de Caspar David Friedrich

29 de octubre de 2017

Me lleva...

Me lleva.
 Hasta ti el corazón me lleva: tañendo me empuja, jubiloso me apremia, a seguir   el rumbo que traza tu estrella.

Camino.
 Pisando charcos camino. Vadeando trochas, cruzando vías, abandonando     andenes. Descalza a ratos, dotada de alas a veces; la vista clavada en el horizonte,  
que tu luz promete.

El alma, vieja experta en desengaños, al corazón grita ¡despierta!
 Huye de este extravío, que el invierno se allega.
Pero el corazón ahueca velas, invocando al viento que  lo escolte en su carrera. Y el viento se disfraza de Levante, y rolando espolea al corazón hacia delante.

Te encuentra.
Varado a puerto, mi corazón te encuentra, sin mi amparo perdido. Sumergido en decadencia.

Me deja.
 En tus lindes, el corazón me deja, y ahí quedo, para ser tu compañera.
 De glorias y fiascos; discrepancias y avenencias. Porque aquí, donde el corazón me trajo, quiero erigir mi frontera. 
© Trini Reina/ Febrero de 2006
Obra de Marc Chagall  

26 de octubre de 2017

25 de octubre de 2017

Todo el silencio...

No silbó el tren cruzando el páramo,
ni la luna se alzó sobre las piedras.
Miedo y hambre y  combatieron
en la curva sin luz de la frontera.

No chifló el viento por el  llano,
ni la alondra entonó su cantinela.
Silencio y odio clavaron aceros
en la blandura de las banderas.

No se otorgó voz a los sensatos
ni en las torres sonaron las esferas.
Justicia y condena cayeron
en la boca filosa de la tragedia.

No irradió Venus sus aristas
en la noche sin aire del espanto.
Y sólo el lobo  -daga en sus pupilas-
tuteló la cal yacente
de aquellos huesos delatados.
©Trini Reina/octubre 2011

23 de octubre de 2017

Oasis

En este sucederse inevitable
el deseo acontece de lo exacto
y crepita
con fiereza incandescente,
atravesando las columnas del sueño.

La luz se vierte sobre la piel
confundiéndola de lunas
y arde
esta noche que desnuda lujurias,
como la sed desviste oasis en el desierto.
©Trini Reina/Julio 2011
Obra de Nicoletta Tomas 

19 de octubre de 2017

La tentación de las tinieblas

Resides ahí, en un saliente, de cara al precipicio;
tú, a quien tanto amo.
Te bamboleas, mostrando tu insolente sonrisa de estrellas
y a mi corazón lo invade en hordas la angustia ciega.
Me obstino en ampararte con mi sombra,
Y, sublevada, con mis frágiles fuerzas pugno
por evitar lo irrevocable: tu destino.

Infatigables buitres te sobrevuelan.
Carroñeros que tú mismo atraes a tus aires.
De rocas hace tiempo se perfilan tus caminos
e, insurrecto, te niegas a esquivarlas.
Te deslizas presuroso hacia un mar de hostilidades,
sin calibrar el peligro de sus tortuosas orillas
y aún en tu delirio, ondeas ufanamente las banderas,
así la ola más fiera te avizore y trague.

Ya las palabras que ante ti esgrimí perdieron sustancia,
y mis armas -por siempre blancas- de estériles se oxidaron.
Y aquí estoy, impotente ante las tinieblas que te abarcan
y a las que, inconsciente y desnudo, codicias prodigarte.

Y sé, porque mi amor por ti es infinito,
que, incluso hasta esas tinieblas frente a las que
con tanta fe luché para evitarte,
me adentraré contigo...
©Trini Reina/setiembre de 2008
                                                              Obra de Dame Laura Knight

16 de octubre de 2017

Pequeñez 72

El lago amable de tus ojos
humedece de ternura
el agosto rebelde
que abrasa mi sangre.
©Trini Reina/2017
Pintura de Irene Sheri (Fragmento)

15 de octubre de 2017

Cumbre...

La caótica constelación de tu sangre,
tus ojos de mar o gato,
la levedad sonora que tu pecho agita,
el ajuste de tu lengua a la geografía de mi boca,
la fuente aleve del instinto,
la libertad sin sombra del deseo.

Todo se torna voluptuoso.
Plenitud logrando su cumbre.

Y yo, suspendido en tu aurora, tiemblo.
Tiemblo,
de premura y fiebre.
©Trini Reina/Octubre 2017
Obra de Jacqueline Osborn

14 de octubre de 2017

Mi soledad y yo...

Mi soledad y yo hace tiempo que firmamos una alianza de no agresión: testigos fueron su malasombra y mi hastío.

Ella hizo voto de no tiranizarme con su insidia. Y yo, prometí no acunarme junto a sus zarpas. 

De vez en cuando, me dejo arrastrar hacía su silencio y ella, leal, me zarandea recordándome nuestro convenio.

Otras, es ella, olvidadiza, quien se cuela por rendijas y puertas; viscosa y muda, y yo, para que no me seduzca le cierro  mis recovecos.

Cuando en los alrededores la algarabía hiere mi sosiego, la reclamo, y ella a mí acude engalanada de añil. Y entonces yo, cansada, me dejo acariciar por sus manos arrulladoras…

Pero, cuando sin requerirla aparece de negro paño vestida, antes de que macule mí alma; extraigo de mi seno el pacto sellado, y le recuerdo su compromiso; y aunque ella se empecine, y pretenda quedarse en mis estancias más de lo acordado,  me armo de voluntad y la desdeño.

Mi soledad y yo…
Llevamos años gozando de una sublime coexistencia.

©Trini Reina/1 de agosto de 2005
Obra de Eduardo Argüelles

12 de octubre de 2017

Contrapunto

Un desaliento afilado
horada tus huesos de siglos
y, esa impiedad
-de alas generosas-
define los ejes del cuerpo
y su biografía.

A pulmón abierto imploras osadía
al espíritu descendente;
fustas que esgriman el contrapunto
a su derrota.

Y, flameando redaños y afanes,
vas de rabia infecunda
a furia libertada,
tratando de inyectar mediodías,
al sur de tus cepas azuladas.
©Trini Reina/2011
Obra de Stojan Milanov