El
griterío de los pájaros
que
se congregan
en
las frondas del ligustro,
esta
tarde de martes y estío,
asorda
el soliloquio cotidiano.
Bajo
el influjo del caos disonante,
la
soledumbre sin causa que me vive,
se
intimida y me liberta,
a
fuerza de gorjeos invisibles,
de
presurosos agitar de alas;
del
ir y saltar y volver
de
rama a hoja y rama…
Todo
el sol del verano
se
funde
-cuando atardece-
en
la verbena incombustible
de
los pájaros de mi calma.
©Trini
Reina/Verano de 2018
Imagen de la red
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