Cesa
un instante el día
de
dolerme.
El
sopor traspasa mis huesos
que
reposan.
Una
copa se entibia
entre
mis dedos.
La
alzo, y brindo
con
mi soledad de cabecera.
El
vino de naranja hace más llevadero
este
maridaje que compartimos.
Rito
que nunca precisó
arras
ni azahares.
©Trini
Reina/Verano de 2018
De
“La aridez de la tormenta”
Obra de Andre Kohn
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